La quinta jornada fue una mezcla de decepción e inspiración. Me decepcioné de mí misma y mi poca voluntad para haber entrenado y correr CAF. Me inspiró cada corredor al que le pasé cerca mientras caminaba y trotaba por ahí buscando a mis maratonistas para animarlos. En realidad entrené muy poquito el cuerpo, pero mucho el alma.
Estar ahí el domingo, hizo que el lunes me parara con mucho ánimo a correr. El peso me sigue pesando. Después de eso no me porté muy bien, hablé de mi salud en la sesión de Tarot (en algún otro momento cuento de qué va el Tarot, no me he metido a bruja ni nada por el estilo), y bueno, está clarísimo que ya no necesito contactar más con mis desastres, los tengo claros. Es momento de hacer y no de pensar.
El lunes no pude llegar al Yoga, que me hubiese encantado, pero tenía que terminar cosas de trabajo.
Ya vamos por el día siete, anoche me paré un millón de veces con dolor de estómago y pues fue la excusa para no correr. Qué difícil es esto de rencontrar hábitos.
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