Hacer conciencia de lo desastre que soy. Eso es lo que han sido estos días.
Por razones varias nada de entrenamiento. Comida decente días 2 y 3. Día 4, desastre. Día 5 de confusión.
¿Por qué hacerme daño?
No entiendo porqué no hago las cosas que mi cuerpo necesita, cuando estoy clara de ellas.
En fin. Mañana es CAF, no lo correré porque no entrené. Tengo guayabo horrendo por eso. Y aunque sé que podría terminar la distancia, no quiero asumir el riesgo de tener una nueva recaída con la cadera.
Una semana perdida en el entrenamiento de la carrera de montaña. La resolución es no meterme en más carreras hasta que recupere mis rutinas.
Ha sido muy difícil. Algo parece haber cambiado en mí, pero me gustaba mucho más la de antes, así que estoy dispuesta a buscarla adentro de las piedras si es necesario.
Mañana tengo un compromiso que me impedirá animar a mis amigos en el Maratón. Es uno de esos momentos en los que detesto mi costumbre de tener un millón de cosas a la vez.
La próxima semana espero poder hace un hueco para ir al laboratorio por los exámenes médicos. Ya tengo la orden.
Esto de pensar en mis rutinas a diario es terapéutico y ojalá tenga el efecto deseado.
Yo amo correr, amo las endorfinas, sentirme bien, verme bien.
Digamos que hoy me siento un pasajero en tránsito para ser nuevamente Carito Corre.
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