jueves, 25 de septiembre de 2014

Menos edulcorante

En esta onda interminable de ser siempre una mejor versión de mí misma, decidí que era hora de bajarle a los edulcorantes. El plan por lo pronto no es eliminarlos, porque están en cosas que consumo como la mermelada, alguno que otro cereal o la eventual merengada de proteína. La intención es al menos no añadirlos intencionalmente al café o al té.
Este cambio ha tenido dos consecuencias; la primera es que en la mañana añado un poco de leche a mi café y la segunda es que desaparecieron el resto de los cafés del día, porque los solía tomar negros en la oficina; y de verdad no me da el paladar aun para tomar café negro sin endulzar.
Mucha gente usa stevia por ser más natural, pero yo no soporto su sabor; es por eso que no contemplo estas hojitas como una alternativa. Con mi cerebro gordito, el paladar va primero. Si no me sabe bien, no hay forma.
Van solo unos días de esto, pero pienso que será perfectamente sostenible. Reportaré luego los avances.

1 comentario:

Eduardo Galindez dijo...

Recuerdo que hace alrededor de 6 años tomé la misma decisión. Hoy día no como procesados. El batido lo endulzo con dátiles, uso agave para las panquecas, la sonrisa para mi vida.

Claro que puedes no lo dudes, solo fluye.

Abrazos!